Decisiones y llamadas
Había que tomar una decisión. Era viernes 4 de septiembre de 2009 y no había indícios de haber llegado a una resolución. Mi esposa, que seguía trabajando en Tijuana, me había dejado la responsabilidad de decidir. Así que, de nuevo, puse las cosas en una balanza. -Me vale gorro el mundo, nos regresamos a México! -me dije-. En cuanto me llamara mi esposa le comunicaría la decisión, y ya no habría vuelta de hoja. Sabiendo esto, decidí también que buscaría trabajo en Tijuana y ahorraríamos para comprar una casa, un carro y todas las cosas de las que nos habíamos privado durante tanto tiempo. De la misma manera, deseaba pasármela de lo mejor en Dresden en nuestros últimos días. Claro está que deseaba guardar dinero para poder llegar con algo a Tijuana. Tenía calculado que nos sobraría lo suficiente como para poder rentar un departamento, comprar muebles y poder buscar tranquilamente un trabajo ad hoc . Ese viernes no se comunicó mi esposa, ya que había de...